Le Bal, Ettore Scola, 1983

El baile sirve como vehículo a los personajes para comunicarse entre sí, interactuar y entablar contactos físicos que son expresados con extremada precisión para que el espectador entienda lo que está sucediendo en cada una de las escenas que conforman la estructura de este film. Pero también la postura adoptada por los personajes en determinados momentos de la película transmiten sensaciones y emociones que confirman qué tan importante es la comunicación no verbal, en este caso la corporal, para la comunicación humana cuando no existe la verbal.
Esto provoca que el espectador participe indirectamente del salón y observe con ojos de testigos directos los diferentes acontecimientos que suceden en el salón de baile.
La historia narrada es francesa, pero podría ser la de cualquier nación del siglo XX. Por ello, la simbología de los diversos personajes es universal. Y es aquí donde uno, como espectador, se siente representado y atraído por esta película de miradas, traiciones, gestos y música. (texto de Oscar Romano en CineParaSentir)

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